Un impuesto europeo sobre la carne: ¡una propuesta que podría ser tan simplista como contraproducente!

Bruselas, 19 de mayo de 2020 – El pasado mes de febrero, la coalición holandesa TAPP (True Animal Protein Price) presentó en Bruselas un nuevo informe en el Parlamento Europeo en el que pide introducir un impuesto sobre los productos cárnicos.

A primera vista y en teoría la idea puede parecer sencilla. En efecto, según los proponentes, con un solo impuesto podríamos resolver tres ‘problemas’: limitar el consumo de carne en Europa, reducir la ganadería europea y reorientar sectores específicos hacia prácticas de menor impacto. En pocas palabras: ¡una solución mágica!

Esta ‘solución mágica’ ahora ha llegado a la Comisión Europea. Mañana, la Comisión Europea dará a conocer una parte importante de su visión del Pacto Verde Europeo – la Estrategia «De la granja a la mesa». Entre las muchas cosas que abordará esta estrategia están los patrones de consumo y las elecciones dietéticas de los consumidores, dirigidas más específicamente al consumo de carne. Según nuestras informaciones, el enfoque considerado por la Comisión sugiere que detengamos la promoción de productos cárnicos, dejemos de fomentar su producción e impongamos un uso más específico de las normas fiscales sobre la carne.

Si los ganaderos hubieran podido expresar su opinión, si hubiéramos dado un paso atrás para reflexionar sobre esta cuestión en el contexto de los acuerdos comerciales o tratados europeos, y, en última instancia, si nos hubiéramos tomado el tiempo para analizar esto, esta propuesta habría parecido mucho más problemática y simplemente contraproducente. Hay que decirlo una y otra vez, ¡no existe una solución a la ligera en la agricultura!

Los impuestos sobre los productos de consumo diario nunca han dado buenos resultados

Un análisis sencillo, desglosando los efectos de tal impuesto, nos permite darnos cuenta de esto enseguida. Primero, un impuesto sobre la carne tendría como objetivo disuadir a los consumidores de optar por los productos cárnicos. Gravar con tales impuestos los productos de consumo diario nunca ha dado buenos resultados en términos de eficiencia. La carne es también un producto básico, cuya demanda no es muy elástica a las fluctuaciones de precios. Para el consumidor, el único sustituto real
de un tipo de carne es… otro tipo de carne. Esta es la realidad del mercado, que se deriva de una profunda y vital necesidad de este producto. En realidad, gravar fuertemente la carne se consideraría una injusticia e impediría que las personas que luchan por llegar a fin de mes tuvieran acceso a un componente completo de una dieta equilibrada. Con la crisis económica provocada por la COVID-19, ¿cómo podría tal medida no aparecer como una doble penalización para las personas que ya están
muy afectadas?

La respuesta de los partidarios de este impuesto es la redistribución. Una parte de los ingresos recaudados se repartiría entre los hogares europeos más pobres. ¿Pero qué criterios podrían utilizarse para realizar esto sin hacerlo totalmente injusto?

Asimismo se espera que la sustitución de los productos cárnicos beneficie alternativas que, en muchos casos, son productos altamente procesados que ofrecen grandes márgenes a un puñado de representantes de la industria. Detrás de este argumento de salud, se plantea la pregunta: ¿realmente estamos buscando mejorar el bienestar del consumidor?

Europa no es una única meseta homogénea

El segundo argumento presentado por los proponentes es la necesidad de reducir la producción ganadera y reorientarla hacia tipos de producción basados en plantas.

Esto es una visión simplista de la agricultura y, por lo tanto, es peligrosa por más de un motivo. Hoy en día, el 29% de las tierras agrícolas de Europa se consideran tierras marginales en las que sería prácticamente imposible y sumamente costoso desde el punto de vista ambiental y climático plantar cultivos herbáceos. El continente europeo no es una única meseta homogénea; ¡su campo es diverso y variado! Los ganaderos europeos son los principales actores en el mantenimiento de los pastos y los prados cercados, en la prevención del cierre de las tierras de montaña y la propagación de los incendios forestales en verano. Contrariamente a su imagen muy a menudo simplista de «granjas industriales», seguimos insistiendo en que los ganaderos europeos son empresas familiares cuyo tamaño medio es de unas 34 hectáreas para menos de 50 animales aproximadamente. Detrás de cada granja, hay también siete personas que trabajan directa e indirectamente en nuestro campo. Son los ganaderos los que en los territorios están invirtiendo enormemente en la adaptación de sus prácticas a las exigencias climáticas, medioambientales y de bienestar animal. Y esto a pesar de su nivel de ingresos que a veces es muy inferior al del resto de la sociedad.

Un impuesto sobre los productos cárnicos menoscabaría todos estos esfuerzos porque, una vez más, según estos defensores, se asignaría simplemente una parte a los ganaderos para permitirles detener su actividad. Esto agravaría el problema ya crítico del éxodo rural en toda la Unión.

¿Cómo podemos defender la exportación del problema a terceros países?

Esta propuesta es aún más problemática cuando situamos la ganadería en un contexto económico mundial. Tal impuesto resultaría ciertamente en el desplazamiento de nuestra producción a terceros países. En un momento en el que Europa está siguiendo cada vez más por el camino de los acuerdos comerciales bilaterales, con los países del Mercosur por ejemplo, ¿cómo vamos a conseguir que los productores avícolas brasileños o los ganaderos canadienses acepten un impuesto con carácter retroactivo? ¿Cómo evitaremos utilizar productos cárnicos más baratos del extranjero para compensar los costos de ese impuesto? Cuando se pierdan nuestras explotaciones ganaderas, ¿cómo nos aseguraremos de que se respeten nuestras normas y sistemas de control?

El Comisario de Presupuesto de la UE, Günther Oettinger, ya ha desalentado las medidas nacionales para gravar la carne. En sus comentarios sobre una propuesta de este tipo para el Tagesschau (diario informativo) en 2019, el Sr. Oettinger indicó con razón que si la carne se encareciera significativamente en la UE, seguiría siendo igual de barata en los países vecinos y al final dicha propuesta sería una «acción puramente simbólica».

Un impuesto de este tipo iría en contra del espíritu de los tratados de la UE

Otro punto importante: un impuesto de este tipo no podría aplicarse a nivel europeo sin ir en contra del espíritu de los tratados. Los poderes fiscales recaen en la autoridad nacional. Además, el artículo 39 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea establece claramente que el objetivo de la Política Agrícola Común es garantizar la disponibilidad de los suministros de alimentos y asegurar que los productos alimenticios lleguen a los consumidores a un precio razonable. En un momento en que el precio medio de una cesta de la compra aumenta regularmente en todos los Estados miembros, ¿cómo podemos evitar un aumento dramático y masivo de los precios con un impuesto superior al 10% sobre todos los productos cárnicos?

Un impuesto basado en supuestos frágiles

Al final, el principal problema reside sobre todo en las múltiples hipótesis utilizadas para defender los argumentos a favor de este impuesto y no tanto en la idea simplista de un impuesto sobre la carne. Estos proponentes se basan en estudios que han sido objeto de cierta crítica y que tienen una agenda tanto política como de marketing. El debate sobre los aspectos nutricionales de la carne está lejos de haber terminado, como lo demuestra la reciente publicación «Annals of Internal Medicine» sobre el consumo de carne roja y procesada. Las estadísticas sobre el consumo real de carne ‘en plato’ se están examinando actualmente en el marco de un estudio exhaustivo en el Observatorio de la carne de la Comisión Europea.

Además, los informes de la TAPP se refieren muy a menudo a los resultados ambientales del ganado en todo el mundo, que se sabe son inferiores a los de la UE. Por ejemplo, el informe hace referencia al informe del IPCC de las Naciones Unidas en el que se afirma que la agricultura, la silvicultura y otros usos de la tierra representan el 24 % de los gases de efecto invernadero (GEI) a nivel mundial, omitiendo el hecho de que la agricultura de la UE tiene un impacto mucho menor en términos de porcentaje y que el sector ganadero de la UE está por debajo del 6 % de las emisiones totales de GEI de la UE, según Eurostat. La propuesta de la TAPP es genérica y se basa en una cuota de reducción per cápita, lo que lleva a un algoritmo poco claro que establece que las emisiones de CO2eq se reducirán en la UE con 119 millones de toneladas de CO2 eq. por año. Por otra parte, ¿por qué se minimizan sistemáticamente, o incluso se excluyen de esa modelización, los activos correspondientes a los diferentes tipos de ganado – el ciclo del carbono y la captura de carbono para los rumiantes en los pastizales; la eficiencia de la conversión de la carne en piensos para los monogástricos?

Los agricultores de la UE están trabajando activamente para que nuestras normas se encuentren entre las mejores del mundo

Hoy en día, la ganadería europea se enfrenta a múltiples demandas. Los ganaderos europeos nunca han tenido una actitud pasiva. Día tras día progresan en la transformación de sus explotaciones. Deben reducir su huella ambiental y mejorar las condiciones para sus animales. Nuestros ganaderos, que produzcan carne de porcino, de vacuno o de aves, o cualquier otro producto animal, han realizado cuantiosas inversiones en los últimos años para cumplir con la nueva normativa en materia de salud y bienestar de los animales. Estamos planeando hacer nuevas inversiones para utilizar los recursos naturales de una manera más eficiente, teniendo en cuenta el marco de la UE y los planes de negocio de todas las empresas agrícolas y forestales. Sabemos que nuestras normas europeas se encuentran entre las mejores del mundo y pensamos que es una de las cualidades que hacen que ocupemos una posición fuerte en el mercado.

La ganadería es una de las fuerzas de Europa

Estos cambios requieren tiempo, técnicas de adaptación y recursos financieros considerables. Reconozcamos los progresos ya realizados. La productividad global de la agricultura europea ha aumentado un 25% desde 1990. Al mismo tiempo, el sector ha reducido sus emisiones de gases de efecto invernadero del 20%. En otras palabras, la agricultura europea ha conseguido disociar adecuadamente el impacto medioambiental y la producción. Ante los actuales y futuros retos, necesitamos políticas europeas coherentes que reconozcan las contribuciones de los agricultores a la lucha contra el cambio climático y fomenten la multiplicación de iniciativas beneficiosas. Del mismo modo, es esencial que todos los futuros acuerdos de comercio libre incluyan un capítulo dedicado a la aplicación de medidas climáticas.

La crisis del coronavirus ha demostrado perfectamente que el ganado no es una debilidad de Europa, sino una de sus fuerzas. ¡Y los millones de agricultores que trabajan a diario en nuestras regiones merecen más que respuestas simplistas y coercitivas!

Joe Healy

Vicepresidente del Copa y productor de vacuno de leche y carne de Athenry en el condado de Galway (Irlanda).

Información sobre «European Livestock voice» (la voz de la ganadería):

«European Livestock Voice» es un grupo que aúna a múltiples partes interesadas y actores afines de la cadena alimentaria ganadera, que por primera vez decidieron unirse para equilibrar el debate en torno a un sector esencial para el valioso patrimonio europeo y el futuro de Europa. Las asociaciones implicadas, que representan a sectores desde el bienestar animal hasta los piensos, pasando por la ganadería de cría y de reproducción y los ganaderos, pretenden informar al público general sobre el valor de la producción ganadera y su contribución para superar los
desafíos globales, ofreciendo así una narrativa alternativa a los debates actuales.

•AnimalhealthEurope – Productores europeos de medicamentos veterinarios, vacunas y otros productos de salud animal
•Avec – Sector de la carne de ave en Europa
•Clitravi – Industria europea de la transformación cárnica
•Copa y Cogeca – Agricultores europeos y cooperativas agrarias europeas
•COTANCE – Industria europea del cuero
•EFFAB – Foro europeo de ganaderos de reproducción
•Euro Foie Gras – Industria europea del foie gras
•FEFAC – Productores europeos de piensos
•FEFANA – Industria europea de los ingredientes especiales para piensos
•FUR EUROPE – Industria europea de la producción de pieles
•UECBV – Comerciantes europeos de productos ganaderos y cárnicos

Para más información, pueden contactar con:

Jean-Baptiste Boucher
Director de comunicación, Copa-Cogeca

+32 474 84 08 36
Jean-Baptiste.Boucher@copa-cogeca.eu