El punto de vista de un científico especialista en sanidad animal sobre la supuesta conexión entre la producción alimentaria y COVID-19

Bruselas, 14 de mayo de 2020 – La existencia de la crisis es una realidad, pero el camino hacia la recuperación es incierto. La única verdad es que se trata de un virus mortal y que, por tanto, actuamos en consecuencia. La enfermedad de la COVID determina casi todos los actos sociales, comerciales y políticos que se realizan hoy. La Comisión Europea prioriza de nuevo Horizonte 2020,su principal instrumento de financiación de la investigación; la publicación de la Estrategia «De la granja a la mesa» que forma parte del Pacto Verde Europeo de la Comisión se ha retrasado y debería reflejar las lecciones aprendidas de la pandemia de COVID-19 en relación con la seguridad alimentaria.

Al mismo tiempo, los grupos de presión aprovechan la crisis mundial para impulsar su propia agenda ideológica. Las organizaciones de defensa de los derechos de los animales, pero también algunos científicos y políticos, argumentan que existe un vínculo directo entre, por una parte, la ganadería (industrial) y, por otra, un mayor riesgo de brotes de enfermedades con un impacto en la salud pública.

Por lo tanto, se plantea la siguiente pregunta explícita: ¿Existe un vínculo entre la forma en que criamos ganado en Europa y los brotes de enfermedades infecciosas en humanos? La respuesta es corta: no. No obstante, la naturaleza es demasiado compleja para abarcarla en una frase. A continuación se explica.

Nuestros sistemas alimentarios han evolucionado a partir de la agricultura de subsistencia. Esta forma de producción alimentaria, que combina la agricultura y la ganadería para atender las necesidades alimentarias de los hogares, se enfrentó regularmente a brotes de  enfermedades animales por lo que ya no permitió alimentar a la creciente población. Las crisis alimentarias que afectaron a toda Europa han resultado en compromisos políticos más firmes, así como en el desarrollo de ciencias agrícolas y veterinarias y del comercio (internacional). Todo ello ha permitido a la agricultura de subsistencia convertirse en una agricultura eficiente y altamente especializada, garantizando un acceso ininterrumpido a alimentos asequibles, variados y nutricionales.

Junto con la evolución de los sistemas alimentarios se han ido desarrollando epidemias en los animales y los humanos, que han existido por miles de años. Aunque las formas de contener los brotes en los animales no han cambiado mucho en los últimos siglos (aislando las zonas afectadas, sacrificando los animales enfermos y sospechosos), hemos conseguido mejorar de forma significativa la prevención de enfermedades a través de la bioseguridad, la vacunación y la detección precoz. Esto ha permitido reducir la incidencia de los brotes de enfermedades animales y su expansión geográfica. De hecho, las explotaciones intensivas de mayor tamaño, donde el ganado está estabulado, no solo deben, sino también logran implementar la bioseguridad de una manera más efectiva que las explotaciones pequeñas o extensivas.

La COVID-19 una vez más ha dejado en claro que debemos enfrentar esta crisis sanitaria JUNTOS. Aproximadamente dos tercios de las enfermedades infecciosas en el hombre son provocadas por patógenos que también contagian a los animales domésticos y salvajes. Especialmente en Europa, la mayoría de las infecciones en las personas son causadas por bacterias y parásitos, no por virus. Por otra parte, la mayoría de las nuevas enfermedades emergentes en humanos son causadas por virus que tienen su origen principalmente en la vida silvestre (por ej. Ebola, Zika, SARS, Nipah, HIV y muchos otros virus) y, a veces, en el ganado (por ej. gripe aviar). Se ha demostrado que el riesgo de que un virus se transmita del animal al hombre es mayor en las regiones tropicales forestales donde se cambia el uso de las tierras y con elevada biodiversidad silvestre. La invasión de los hábitats por nuevos asentamientos humanos, las industrias de extracción y la expansión agrícola desempeña un papel clave. Estas prácticas no desaparecerán echando la culpa a la agricultura. La intensificación sostenible, junto con otros sistemas de producción, será clave para mejorar la gestión animal y reducir la presión en la tierra, garantizando al mismo tiempo el suministro de alimentos a una población mundial en aumento. La bioseguridad debe seguir evolucionando paralelamente a los programas de intensificación que se están realizando en todo el mundo; esto es prioritario para continuar mejorando la agricultura.

La vacunación también reviste suma importancia. El uso de vacunas en personas y en animales domésticos y salvajes ha sido siempre crucial en nuestra lucha contra las enfermedades infecciosas y continuará desempeñando un papel central. La invención de la vacuna nos recuerda que el contacto con el ganado también puede reducir el riesgo de enfermedades en humanos. La comprobación en virtud de la cual las personas que vivían en una granja se vieron menos afectadas por el virus mortal de la viruela constituyó al fin y al cabo la base del descubrimiento de las vacunas (derivado de Vacca, el nombre latino de ‘vaca’) y resultó en el uso del virus de la viruela bovina para proteger a los humanos. Lo que es interesante es que, en la actualidad, se están planteando hipótesis similares sobre un posible efecto protector contra COVID-19 a través del contacto con animales infectados por coronovirus.

Sin embargo, a pesar de los logros registrados en la lucha contra las enfermedades infecciosas, seguimos siendo vulnerables a nuevas pandemias. Debemos competir de manera continua con patógenos que evolucionan y siguen tratando de eludir nuestras fórmulas de control, incluida la vacunación, y a veces, los patógenos salen ganando. En el mundo hiperconectado de hoy, esto puede convertirse rápidamente en una catástrofe. Pero si queremos conseguir que tales catástrofes ocurran solo una vez cada cien años o incluso con menos frecuencia, es fundamental centrar las acciones donde sean necesarias. La inversión continua en la investigación de enfermedades infecciosas y el apoyo a los científicos para que puedan descifrar mecanismos moleculares de resistencia e inmunidad son indispensables, junto al desarrollo de vacunas de nueva generación y métodos de detección ultraeficientes. Esto se aplica a todas las enfermedades infecciosas, pues aunque las bacterias y los parásitos rara vez causan una pandemia, los efectos de largo plazo son igual de grandes y reales. Por supuesto, la investigación debe ir acompañada de inversiones en las infraestructuras sanitarias para las personas, prácticas de bioseguridad para las explotaciones, la formación de expertos en disciplinas conexas, plataformas de diagnósticos y vacunas, y se debe aprender cómo se pueden abordar los riesgos sanitarios desde el punto de vista social.

Citando Paul Stoffels, director científico de Johnson & Johnson, «debemos ser tan buenos en la detección y anticipación de nuevos agentes patógenos como lo somos ahora en la construcción de armas y aviones». Puesto que los estudios demuestran que la mayoría de las enfermedades zoonóticas emergentes se originan en la vida silvestre, esto supondrá un reto difícil, pero no imposible. Somos cada vez más conscientes de los lugares donde existe un gran riesgo de interacción entre los animales y el hombre. Por consiguiente, nuestra responsabilidad es mejorar la vigilancia, particularmente en los puntos críticos, para que podamos identificar los virus peligrosos más rápidamente que ahora. Solo confiando en nuestra capacidad de adaptación e innovación será posible mantener el paso con los patógenos y construir una sociedad saludable donde las personas puedan disfrutar de los tesoros culturales y naturales de la vida, incluyendo alimentos seguros.

Johannes Charlier


Información sobre el autor: Johannes Charlier vive en Bélgica y es gestor de una base de datos para identificar las lagunas de la investigación para el control de enfermedades infecciosas en animales y gerente fundador de la agencia de investigación y consultoría en salud animal Kreavet. Obtuvo una licenciatura en medicina veterinaria (2002) y un doctorado en ciencias veterinarias (2007) de la Universidad de Gante, donde realizó investigaciones para el diagnóstico, la epidemiología, el control y la economía de las infecciones  parasitarias por helmintos. Sus contribuciones de investigación se publicaron en más de 80 revistas científicas y recibieron varios premios internacionales. Johannes también participa activamente en la secretaría del consorcio internacional de investigación STAR-IDAZ sobre sanidad animal, preside el COST Action COMBAR, una red de investigación para «Combatir la resistencia antihelmíntica en rumiantes» y actúa como editor (invitado) en varias revistas científicas.

Información sobre «European Livestock voice» (la voz de la ganadería): «European Livestock Voice» es un grupo que aúna a múltiples partes interesadas y actores afines de la cadena alimentaria ganadera, que por primera vez decidieron unirse para equilibrar el debate en torno a un sector esencial para el valioso patrimonio europeo y el futuro de Europa. Las asociaciones implicadas, que representan a sectores desde el bienestar animal hasta los piensos, pasando por la ganadería de cría y de reproducción y los ganaderos, pretenden informar al público general sobre el valor de la producción ganadera y su contribución para superar los desafíos globales, ofreciendo así una narrativa alternativa a los debates actuales.

  • AnimalhealthEurope – Productores europeos de medicamentos veterinarios, vacunas y otros
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  • Avec – Sector de la carne de ave en Europa
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