La paradoja del bienestar animal: cuando hacer más por los animales puede producir peores resultados

¿Una normativa se convierte automáticamente en más favorable para los animales simplemente porque impone condiciones aparentemente mejores? No necesariamente. El verdadero objetivo debería ser medir lo que realmente ocurre con los animales, teniendo también en cuenta su salud, la mortalidad, la bioseguridad, la sostenibilidad económica y las consecuencias para el mercado.

El bienestar animal será una de las cuestiones más importantes de la próxima agenda legislativa europea. La Comisión Europea ha iniciado la revisión de la normativa sobre bienestar de los animales de granja y, con la nueva Estrategia de la UE para la Ganadería, presentada el 7 de julio de 2026, ha establecido una hoja de ruta clara: se esperan propuestas específicas para las gallinas ponedoras y los pollos de engorde antes de finales de 2026, mientras que la revisión de las normas aplicables al porcino está prevista para el segundo trimestre de 2027. Entre los objetivos anunciados figuran la eliminación progresiva de las jaulas para las gallinas ponedoras, la introducción de nuevos sistemas de alojamiento para los cerdos y la incorporación de indicadores prácticos de bienestar animal en las granjas.

Si la ciencia demuestra que determinadas condiciones provocan un sufrimiento evitable, la normativa debe evolucionar. Sin embargo, la evidencia científica también indica que el bienestar animal es complejo y que modificar un factor puede afectar simultáneamente a muchos otros. Es aquí donde surge la denominada «paradoja del bienestar animal»: una medida diseñada para mejorar el bienestar puede, en determinadas circunstancias, generar efectos no deseados o incluso empeorar algunos indicadores de salud y bienestar.

Cambiar el sistema no es suficiente: hay que observar a los animales

El ejemplo de las gallinas ponedoras resulta especialmente significativo. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) recomienda mantener a las gallinas ponedoras en sistemas sin jaulas, con cama de material suelto, enriquecimiento ambiental y estructuras elevadas, como perchas y plataformas, que favorezcan la expresión de comportamientos naturales y las posibilidades de movimiento.

Al mismo tiempo, sin embargo, la EFSA subraya la importancia de evaluar el bienestar mediante indicadores concretos, como la mortalidad, las heridas, los daños en el plumaje y las fracturas del hueso de la quilla. Esto significa que la ausencia de jaulas no puede equipararse automáticamente a un «mayor bienestar» en todas las circunstancias.

Un sistema que proporciona mayor libertad de movimiento puede favorecer la expresión de comportamientos naturales, pero también requiere una gestión adecuada, un diseño apropiado de las instalaciones, una buena calidad de la cama, acceso al alimento y al agua, control de la agresividad y prevención de lesiones.

Lo mismo ocurre con los pollos de engorde. La EFSA señala que reducir la densidad de animales es una medida importante para mejorar su bienestar y destaca los efectos negativos asociados a densidades elevadas, un crecimiento excesivamente rápido, una cama inadecuada y los problemas locomotores.

Sin embargo, la cuestión fundamental es que el bienestar no depende de una única cifra: comprende el movimiento, el descanso, la salud, la integridad física, el comportamiento, la calidad del entorno y la ausencia de estrés.

Un ejemplo significativo procede también del transporte: un estudio reciente realizado en Hungría observó que una menor densidad de pollos de engorde, y por tanto un mayor espacio disponible por animal, se asociaba con un incremento de las lesiones y la mortalidad, probablemente como consecuencia de una mayor movilidad e inestabilidad durante el transporte.

Por tanto, la pregunta adecuada no debería ser simplemente: «¿Qué sistema es más natural?», sino más bien: «¿En qué sistema y bajo qué condiciones de manejo se encuentran realmente mejor los animales?».

Más espacio no siempre significa mayor bienestar

Aumentar el espacio disponible para los animales puede favorecer el movimiento y la expresión de comportamientos naturales. Sin embargo, también puede modificar las dinámicas sociales, la distribución de los animales, la calidad de la cama, las concentraciones de amoníaco, la gestión de las deyecciones, el riesgo de lesiones y la capacidad de los ganaderos para supervisar y controlar a los animales. Por tanto, un principio aparentemente sencillo puede desencadenar una cadena de efectos.

Lo mismo sucede con el acceso al exterior. La utilización de espacios al aire libre puede proporcionar a los animales una mayor variedad de comportamientos y estímulos ambientales. Sin embargo, también puede incrementar su exposición a depredadores, parásitos, agentes patógenos y animales silvestres. La literatura científica describe tanto beneficios como riesgos que deben evaluarse conjuntamente y no de forma aislada.

Un ejemplo claro es la influenza aviar: el contacto con aves silvestres constituye un factor de riesgo y hace que las medidas estrictas de bioseguridad sean aún más importantes en las granjas avícolas. La EFSA sigue insistiendo en la necesidad de aplicar medidas rigurosas para evitar la introducción y propagación del virus en las granjas.

Esto no significa que la producción al aire libre sea «peor». Significa que ninguna característica, considerada de forma aislada, puede servir como garantía automática de bienestar animal.

Cuando la mejora de las normas puede desplazar la producción

Las nuevas normas de bienestar animal pueden exigir a los ganaderos realizar inversiones, contratar más personal y asumir mayores costes de gestión.

Si estos costes no son reconocidos adecuadamente por el mercado, algunas granjas podrían reducir su producción o abandonar la actividad, especialmente cuando compiten con productos procedentes de países con estándares diferentes.

Es aquí donde surge el riesgo de deslocalización de la producción: la demanda europea se mantiene, pero parte de ella podría satisfacerse mediante un aumento de las importaciones. En ese caso, la aplicación de normas más exigentes en las granjas europeas no necesariamente se traduciría en una mejora del bienestar animal en el conjunto de la cadena de suministro mundial.

Por este motivo, la nueva legislación debería evaluar no solo los efectos directos sobre los animales, sino también las consecuencias económicas y comerciales de las nuevas exigencias, buscando un equilibrio entre las mejoras del bienestar animal y la competitividad de la producción europea, y promoviendo estándares más elevados en las cadenas internacionales de suministro.

Del «mejor sistema» al «animal que realmente está mejor»

No se trata de elegir entre bienestar animal y competitividad, ni de cuestionar la necesidad de mejorar los estándares. La propia Comisión Europea avanza en esta dirección cuando hace referencia a los «indicadores prácticos de bienestar animal en las granjas».

La EFSA también ha identificado diversas medidas basadas en los propios animales para evaluar las condiciones de bienestar en la práctica: mortalidad, heridas, daños en el plumaje, fracturas del hueso de la quilla, dermatitis de las almohadillas plantares y otros parámetros que pueden observarse directamente en los animales.

Esto representa un importante cambio de perspectiva: en lugar de determinar de antemano que un sistema de alojamiento es siempre mejor que otro, podemos preguntarnos qué condiciones producen los mejores resultados, teniendo en cuenta la especie, la genética, el clima, el tamaño de la granja, el manejo y la capacitación de las personas que trabajan con los animales.

La próxima revisión de la legislación europea sobre bienestar animal representa, por tanto, una oportunidad para avanzar, no simplemente mediante la introducción de nuevas prohibiciones o exigencias.

La verdadera ambición debería ser desarrollar una política de bienestar animal basada en resultados, que mida lo que realmente importa para los animales y permita corregir los efectos no deseados cuando estos aparezcan.

Porque el bienestar animal no consiste en una competición por ver quién introduce la norma más estricta. Consiste en conseguir animales más sanos, con menos estrés y menos lesiones, y mejor adaptados a su entorno.

La pregunta, por tanto, no debería ser simplemente: «¿Estamos haciendo más por los animales?».

Debería ser más exigente: «¿Podemos demostrar que, como resultado de lo que estamos haciendo, los animales están realmente mejor?».

Esta diferencia entre intención y resultado marcará el futuro de la política europea de bienestar animal.

Preguntas frecuentes

1. ¿Una normativa más estricta garantiza automáticamente un mayor bienestar animal?

No. Una normativa puede mejorar un aspecto concreto del bienestar y, al mismo tiempo, generar efectos no deseados sobre la salud, la mortalidad, las lesiones, la bioseguridad u otros indicadores. Por ello, es importante evaluar sus efectos globales sobre los animales.

2. ¿Por qué son importantes los indicadores basados en los animales para evaluar su bienestar?

Porque permiten medir directamente el estado de los animales mediante parámetros como la mortalidad, las lesiones, los problemas locomotores, las fracturas, el estado del plumaje y otros indicadores de salud y comportamiento, en lugar de asumir automáticamente que un sistema de alojamiento es mejor que otro.

3. ¿Qué consecuencias no deseadas pueden tener las nuevas normas de bienestar animal?

Los cambios en la densidad de animales, las instalaciones o los sistemas de producción pueden afectar a la salud animal, la bioseguridad, los costes de producción, la productividad y la competitividad de las granjas. Si disminuye la producción europea, parte de la demanda también podría cubrirse mediante importaciones procedentes de países con estándares diferentes.

4. ¿Cómo debería evolucionar la legislación europea sobre bienestar animal?

La legislación debería basarse cada vez más en la evidencia científica y en indicadores medibles, evaluando no solo las características de los sistemas de alojamiento, sino, sobre todo, los resultados obtenidos en términos de salud, seguridad, comportamiento y bienestar de los animales.

Fuente: The animal welfare paradox: when doing more for animals can produce worse outcomes | European Livestock Voice